El tema de las reservas en los restaurantes y de la posibilidad de cobrarlas por adelantado se ha convertido últimamente en un clásico en cualquier reunión, Congreso, o evento donde se reúnan Chefs y/o propietarios de establecimiento hosteleros.

Hablamos de lo que en el mundillo hostelero se conoce como “No Show”. Una reserva, a veces hecha con meses de antelación, e incluso confirmada días antes de la fecha señalada, que llegada la hora no se presenta.

El problema afecta a establecimientos de todo tipo, pero es más sangrante si cabe en los establecimientos de Alta Cocina, porque suelen tener aforos muy limitados, costes elevados y su margen de ganancia es muy limitado. Esto supone que si, en un servicio de 20 cubiertos, o incluso menos, no se presenta una mesa de cuatro personas, nos está fallando el 20 por ciento del aforo, y es ahí precisamente donde puede estar la diferencia entre obtener o no beneficios una noche.

Ante esta situación, la restauración elige varias soluciones. Están los que, optan por no hacer nada, dado que a pesar de que para otras cosas los clientes estamos acostumbrados a pagar por adelantado, aparentemente al usuario medio de los restaurantes no le resulta cómodo dar los datos de su tarjeta de crédito al reservar. Como en todo abrir camino es complicado, y hay quien prefiere cargar con esos perjuicios. Por otra parte, cada vez más establecimientos eligen solicitar estos datos al hacer la reserva, y, en el caso de que el cliente no se presente, se le carga una cantidad, más o menos simbólica de entre 25 y 50 euros por mesa, en la tarjeta.

 

 

 

Una vez en este punto, hay quien da un paso más. Nos encontramos ya con establecimientos de gran categoría y notoriedad, en los que el precio del cubierto es alto, y son, por lo tanto, los más perjudicados por este tipo de actuaciones. En muchos de ellos, al reservar, se hace un cargo de hasta 100 euros por comensal, que se descontarán de la factura final. Tienen diferentes políticas de cancelación, que van desde devolver el dinero si la cancelación se produce entre 72 y 48 horas antes de la fecha fijada, o cambiar la reserva para otro día.

Por último, cada vez se ve más, sobre todo en restaurantes que tienen listas de espera de meses, una solución innovadora. El restaurante nos vende, al hacer la reserva, un ticket como si fuera la entrada a un espectáculo, y luego, una vez finalizada la cena nos descuenta el precio de la entrada o ticket de nuestra factura. Estas entradas son transferibles, pero no reembolsables, aunque si se pueden cambiar de día, en caso de no poder asistir, avisando con tiempo. Por curiosidad, hemos comprobado hoy mismo, que la primera fecha disponible en un restaurante con esta política es el 20 de febrero de 2019.

 

 

En cuanto a la legalidad de estas medidas, con unas simples precauciones el restaurante no va a tener ningún problema. Lo más conveniente es primar las reservas por Internet y de esta manera, el cliente se encuentra un formulario donde debe rellenar sus datos, incluyendo su tarjeta de crédito, con unas condiciones para hacer la reserva y una política de cancelaciones que debe expresamente aceptar. En cuanto a reservas por teléfono es interesante remitir al cliente a Internet para que rellene el formulario y acepte expresamente las condiciones. En caso contrario habría que hacer una locución explicando condiciones y política de cancelación y grabar la aceptación expresa para evitar problemas.

Otra cosa es acostumbrar al público en general a este tipo de políticas y que las acepten porque como todo lo nuevo, a veces cuesta. Sin embargo, en este caso, se trata más de una cuestión de cultura y modernidad, y de respeto por empresas que trabajan y muy duro, para ofrecernos servicios de una calidad incontestable.

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