Las propinas en restaurantes, una práctica habitual con la que los clientes satisfechos gratifican el servicio recibido, acaban de cambiar su tratamiento fiscal. Empresas hosteleras y trabajadores deben conocer y adaptarse a estas modificaciones para no incurrir en infracciones que puedan causar contratiempos en el futuro.

Hasta el momento las propinas o “Bote”, como es típicamente conocido, se repartían cada cierto tiempo entre los camareros y empleados. Las empresas hoteleras, en esos casos, hacían el papel de meras intermediarias y no declaraban estas cantidades, que ni tan siquiera consideraban como ingresos propios.

Sin embargo, y tal como se ha confirmado desde la Dirección General de Tributos, el tratamiento fiscal ha cambiado,  por lo que las propinas han pasado a tributar a Hacienda.

La empresa a partir de ahora debe cuantificarlas como ingresos en la base imponible del impuesto de Sociedades. Posteriormente, podrá deducirlas como gastos cuando sean repartidos entre los empleados. Estos, por su parte, deberán integrar estas cantidades entre sus rendimientos de trabajo para tributar como IRPF.

Los empresarios también tendrán que practicar retención e ingreso a cuenta de estas cantidades, ya que de lo contrario podrían cometer una infracción tributaria.

El nuevo tratamiento fiscal de las propinas no influye a la hora de aplicar otros impuestos como es el IVA. En ese caso, Hacienda considera a la empresa únicamente como intermediario entre cliente y trabajador y no están sujetas a este impuesto.

Los cambios recientes tampoco influirían, en principio, en la cotización a la Seguridad Social. Las propinas no son consideradas ni salario, ni complemento salarial. Aunque en este caso habría una excepción, la figura que en los convenios se suele denominar “cuerpo de propinas”, una cantidad fija que la empresa cobra a sus clientes en la factura y que si cotizaría.

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