Así es Amazónico, en la Milla de Oro de Madrid, el éxito de la creatividad de un concepto, buen hacer gastronómico y de servicio

Amazónico, con poco más de un año, se ha revelado como la marca gastronómica casi perfecta. Auténtica vanguardia culinaria y de concepto en el emplazamiento perfecto, la calle Jorge Juan, 17, conocida como la Milla de Oro de Madrid.

Un estilo y referente de moda con éxito muy a tener en cuenta para la Milla de Oro original, la de Marbella. Amazónico forma parte del grupo de restauración liderado por la pareja de “cuarentones” de moda de Madrid, el cocinero brasileño Sandro Silva y su esposa, la economista Marta Seco, también propietarios de El Paraguas y Ultramarinos Quintín, situados en la misma calle. Grupo que recibe a unos 2.000 comensales diarios y da empleo a casi 400 personas.

Amazónico es un restaurante de inspiración brasileña, con toque asiático, donde también es posible encontrar algunas de las mejores carnes y pescados de nuestra tradición. Dicha combinación hace disfrutar por igual a los comensales más clásicos y entrados en años, educados en Zalacaín, como a sus hijos y nietos, ejecutivos de la globalidad internacional y adictos a los ranking gastronómicos.

La decoración, obra del interiorista catalán Lázaro Rosa-Violán, es exuberante y original, como su nombre indica. Uno de esos espacios que apetece entrar a visitar y fotografiar aunque no se coma en ellos. El servicio es igualmente de gran calidad, con un enorme equipo que actúa en cada pase bajo una coreografía milimétrica, divertida, sorprendente y muy bien estudiada. Al modo de los espacios de última generación donde se ofrecen experiencia irrepetibles o pop up, cercanos a los montajes de espectáculos teatrales o audiovisuales.

Restaurantes que son escenarios teatrales

En Amazónico se suceden los escenarios diferentes, cocina, terraza, barra de sushi, zonas más reservadas, barras para disfrutar de todo tipo de bebidas y hasta un espacio de jazz en la planta baja. Un entorno personal donde se detiene el tiempo para hablar de negocios, agasajar a esos clientes internacionales que pasan por Madrid o disfrutar en pareja, con amigos o familia. Todo se sucede en armonía y es bonito. La carta es original y sugerente, pero suficientemente ajustada para facilitar la rapidez de servicio y ofrecer una rentabilidad interesante al negocio.

Durante nuestra velada pudimos disfrutar de tres entradas. Por una parte el salteado de tres tipos de quinoa, cigalas y jugo de lulo o naranjilla, una fruta poco conocida aún en España pero muy tradicional en América Latina. Un plato original y fantástico, que catarías en todas las visitas a Amazónico. Curry del sur de la India de langostinos de río al coco con arroz basmati, un plato menos original que otros de la Carta, pero muy equilibrado desde el punto de vista gastronómico.Y por último, Rollito de Samosa al Tandoor, rellenos de verduras y pollo marinado en especias indias, servido en un sugerente soporte de madera, con una rejilla sobre hierbas aromáticas, que fortalece el efecto de espectáculo visual del plato.

Para la carne elegimos una brasileña, la Picaña al rodicio, una de las estrellas de la Carta, elaborada con tapa de ternera, que se corta en directo y destaca por su limpieza, suavidad, y sabor a la brasa.

Para el postre uno refrescante y correcto, la Lima limón con crumble de lotus.

Para el maridaje degustamos Avancia Godello de Jorge Ordóñez de Valdeorras, perfecto para maridar con los diferentes picantes suaves, presentes en toda la Carta y un rosado de la Provenza, BY.OTT, un correcto coupage Garnacha (70%), Cinsault (20%) y Syrah (10%).

Sólo hay un defecto en Amazónico, le sobran el 10 por ciento de las mesas, siempre llenas, para lograr la armonía perfecta y resultar menos masivo, ruidoso y realmente exclusivo. Pero parece que la densidad triunfa en los restaurantes más de moda de las grandes capitales internacionales, favoreciendo la cuenta de resultados de sus propietarios, frente al confort de sus comensales.

2017-11-09T14:03:54+00:00